No sé si a vosotros os ocurre, pero lo que es a mí me sucede mucho. Me
refiero al hecho de hablar conmigo misma. Al principio cuando comenzó a
sucederme realmente me asusté un poco, (solo un poco) aja, ja, ja, ja.
Recordaba que ya de pequeña cuando mamá me preguntaba que hacía yo contestaba
estoy diciendo en voz alta lo que quiero, lo que sueño... Ella se reía y me
daba un abrazo, decía: “Esta niña tiene mucha imaginación”. Fui creciendo y la
costumbre de hacerlo no me ha abandonado. Hace poco he leído que tal costumbre
denota cordura, así que para quienes pensaban lo contrario vayan tomando buena
nota. Hablar con uno mismo en voz alta no solo alivia la sensación de soledad,
sino que también te permite desahogarte y ordenar tus ideas. Tenemos que tener
presente que tanto si vivimos en compañía como si lo hacemos a solas, siempre
vamos a ser una compañía para nosotras mismas. Eso sí, no consientas que tu
charla contigo misma tenga sesgos negativos, esos nunca te van a ayudar a
seguir remando
Feliz día
No hay comentarios:
Publicar un comentario