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Agosto lunes 2018 Gijón
La vida merece siempre la
pena, pero es necesario que seamos capaces de saber ser felices. La felicidad
no necesita de grandes aparatos. Se puede ser feliz con poco. Necesitamos
recordar que la felicidad no tiene precio, los verdaderos instantes de
felicidad, esos que dejan una huella especial en el corazón no tienen precio.
El ser feliz no puede cuantificarse, no tiene precio porque la vida es un
regalo fantástico que merece la pena disfrutar. Por ejemplo, el abrazo de un
ser querido, una conversación con un amigo, disfrutar de una afición
compartida, un beso de pasión, un beso de ternura, tantas y tantas cosas...
Pero muchas veces somos nosotros mismos quienes posponemos nuestra felicidad,
la colocamos en un lugar secundario, a la espera, dando prioridad a otros
asuntos que no son más urgentes, pero nada es tan importante como recordar que
la vida es breve, tiene principio y final. Que debemos aprovechar nuestro tiempo.
La vida es un camino de largo recorrido en el que existen elementos que tienen
valor en sí mismos. Y uno de esos elementos con valor en sí mismo es la
felicidad. La vida en realidad depende de cuan feliz seamos, si nos falta algo
falla, debemos tener una sonrisa en el resto para que salir a la calle. Ser
felices, vencer las preocupaciones diarias, tener la sonrisa siempre a mano
para regalar es una forma muy sencilla de ser feliz.
Buen día amigos
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