Hoy me voy a tomar la licencia de elegir
la palabra de la que hablaremos. Esta madrugada ha descargado en Gijón una
tremenda tormenta con muchos rayos y truenos. Yo desde pequeña he tenido un
terror mortal por las tormentas hasta que un buen día ya mayorcita paseando con
el que fue mi marido por el muro se desató una tremenda, Teníamos paraguas e
íbamos arropados. Me convenció para pararnos a disfrutar el espectáculo, Yo con
más miedo que otra cosa acepté. Pasé la peor hora de mi vida a la vez que
disfrutaba aún sin quererlo de los destellos, los truenos (que eran tan
escandalosos como los de hoy), estaba literalmente aterrada, pero eso si,
agarrada como si se tratase de la única tabla de salvación en medio del mar.
Recuerdo como trataba de consolarme mi marido, pero uffffffffffffffff. Aprendí
que nunca más dejaría de tener terror, pero me enfrentaría a la tormenta, bien
la de la naturaleza o cualquier tormenta que tratase de azotar mi vida. Hoy al
sentir el primer trueno que retumbó en toda la plaza lo que hice fue ir
corriendo a la cama de mi peque para que no se despertara o sintiese temor. Me
acurruque a su lado, y ahora... ahora que lo pienso no se si buscaba protegerlo
o que estando juntos el fuera el que me protegiese, jajajajajaj!!!. Es
gracioso, pero visto ahora después de que ya ha pasado, no se cual de los dos
sentimientos me llevó a la cama del peque, pero el caso es que al cabo de un
ratito me quedé frita, y solo al oír más tarde eso de: tata, ya es de día?
desperté. Al final no se quien cuido de quien.
Feliz día amigos

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