4 Julio
miércoles 2018 Gijón
El mar, la mar, creo
sinceramente que no importa como le queramos llamar. Es siempre ese espacio
cambiante, sorprendente y maravilloso que (al menos a mí) me produce tantos
sentimientos que a veces se me agolpan y se atropellan por salir todos a una.
El mar habla de soledad, indefension y cierto fatalismo del hombre frente al
mar. El agua es la fuerza motriz de la naturaleza y el agua del mar lo explica
a cada movimiento. Sus colores no dejan a nadie indiferente, cambian con los
giros del tiempo, es como expresa sus sentimientos y en realidad nos afecta más
de lo que podamos imaginar. Yo paseo a lo largo de la Playa de San Lorenzo, lo
hago en invierno y en verano, pues bien . Han pasado muchos años desde que
inicie este ritual que tantos y tantos hacemos, creo no estar errada si digo
que seguramente ninguno de nosotros ha visto el mismo mar en ningún momento,
aunque estemos mirando hacía el mismo punto en el mismo instante.
El mar ese enigmático bloque
de agua que se balancea sin cesar, que mueve la arena de millones de playas y
que produce giros inesperados como sus terroríficas tormentas que tanto daño
causan y al instante se asemeja a una piscina en calma. Me gusta el mar pues me
enseña a vivir conmigo mismo y a convivir con el resto del mundo. Por momentos
parece que me sonríe, otros, se muestra distante y no está para bromas.
Feliz día amigos

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